Relaciones afectivo-sexuales
El viernes pasado acompañé de nuevo al grupo de Awake en el taller «Respeto y comunicación en las relaciones afectivo-sexuales«. Charlamos sobre nuestras relaciones, la importancia que tienen en nuestras vidas y nuestras expectativas sobre ellas. Cómo a veces las idealizamos, la influencia de los mitos del amor romántico en la manera en que las vivimos y qué significa tener una relación afectiva sana. También hablamos de las redes sociales como un nuevo medio para ejercer control en las relaciones, el significado de los celos, el poder y las relaciones verticales y abusivas…
Y es que tendemos a ver la dependencia emocional como algo vergonzoso, algo que asociamos con personas «pegajosas» que no saben estar solas o que aguantan relaciones tóxicas. Sin embargo, los seres humanos somos la especie más social del planeta, y por eso mismo, también somos la más dependiente. La independencia total no es ningún ideal, sino todo lo contrario: un adulto completamente independiente sería alguien con dificultades emocionales y falta de empatía. Lo que realmente ocurre es que no dejamos de depender, sino que cambiamos el tipo de dependencia. De niños tenemos una dependencia vertical, en la que alguien nos cuida sin que podamos devolver ese cuidado. De adultos, el objetivo es alcanzar una interdependencia: dar y recibir cuidado de manera equilibrada.
Para lograrlo, necesitamos dos ingredientes: corregulación y autorregulación. Esto implica aprender a regularnos emocionalmente tanto solos —haciendo deporte, meditando, descansando— como con otros, apoyándonos en las personas cercanas cuando lo necesitamos. El problema aparece cuando estas habilidades están desequilibradas: hay quien se aísla en los momentos difíciles, y quien no sabe estar solo y necesita a alguien constantemente. Cuando estas dos personas forman pareja, el conflicto no se resuelve: uno huye y el otro persigue, en un ciclo que no lleva a ningún lado. Por eso también es clave sentirse seguro tanto en soledad como en compañía.
En cuanto a los perfiles relacionales, podemos identificar tres patrones con los que muchos nos sentiremos identificados. El dependiente-sumiso tiene miedo al abandono, por lo que hace todo lo posible para gustar: complace, trabaja de más, olvida sus propias necesidades y le cuesta enormemente decir que no. El evitativo, en cambio, teme ser invadido y perder su autonomía, por lo que se distancia emocionalmente y desconecta de sus propias emociones. Y el dominante ejerce control —de forma directa o sutil— porque en el fondo teme que, si alguien lo conoce de verdad, lo dejará.
Las combinaciones más frecuentes y conflictivas son la del dependiente con el evitativo, y la del dominante con el sumiso, una dinámica que siempre tiende a escalar hacia el daño. El perfil ideal son personas capaces de autorregularse y corregularse, de estar bien solas y bien acompañadas.
Las relaciones, incluso las conflictivas, son el espejo en el que mejor nos conocemos. Y cuando aprendemos a resolver los conflictos, aprendemos también a querer a personas imperfectas, que se equivocan, igual que nosotros. La invitación es sencilla: dependamos los unos de los otros, pero que sea de forma sana.
¡Gracias chicos/as por darme la oportunidad de charlar con vosotras/os!
Fecha del taller: 13 de Marzo de 2026
Autor/a: Cristina Pz. Chiquirrin
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